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23

Jul

Amy Winehouse: Vivir y morir el cliché.

No le bastó con cantarlo. Amy Winehouse tuvo también que vivir como una estrella del rock. Más allá del peinado beehive a lo Ronnie Spector y los tatuajes de motociclista, la Winehouse sintetizaba en si misma a Billie Holiday sumida en la adicción y el nihilismo de Courtney Love. Fue criada en el seno de una familia judía de clase media en Londres, que le fomentó desde pequeña el talento artístico. Debutó a los 20 años con un disco que los especialistas echaron al cajón del nu-jazz. Ella no quedó satisfecha de compartir categoría con sedosidades musicales como Jamie Cullum, con un álbum que abrigó y contuvo excesivamente su voz y sus ganas de escribir desde el fondo del alma. O del abismo si era necesario.
El dulce desquite llegó en 2006, cuando el disco Back to Black, producido por Mark Ronson, la convirtió en estrella mundial. Tomando prestado de Motown, Stax/Volt y el hip hop, el ecléctico trabajo de Ronson delineó el marco perfecto para las dramáticas letras de Winehouse, cuadros frescos sobre amores terribles, estigmas sociales y, muy especialmente, sobre el vía crucis de la dependencia. Una bitácora sobre ser adicta que podía leerse tanto como estar enganchado a las sustancias tóxicas como a los cariños malos.
Hace varios años ya, en su disco debut, el grupo Oasis cantó “Puedes tenerlo todo, pero ¿Cuánto lo deseas?”. A Amy Winehouse le tocó la peor clase de éxito: ese que convierte a una celebridad de la música en un cliché del rock, en un standard, en una caricatura de los excesos que antes se llevaron a un puñado de leyendas como Cobain, Joplin, Hendrix y Morrison. Curiosamente, todos a los 27 años.

Luchando con el corazón roto y el resto del cuerpo devastado, finalmente la música pasó a segundo plano, su intento de regreso triunfal hace un par de semanas fue un etílico bochorno sobre el escenario que obtuvo repercusión mundial y Amy Jade Winehouse tocó fondo para no volver del cliché viviente en que terminó convertida. Probablemente, autoconvencida firmemente que los versos de su segundo hit mundial, “You Know I’m No good”, la perseguirían para siempre:

“Me engañé a mi misma
tal como sabía que lo haría
Te dije que yo era un problema
Sabes que no soy buena”

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